20 diciembre 2007
Muerte

Continuamos con nuestra aproximación al tema de la muerte y los fenómenos que ocurren a su alrededor. Comencemos analizando dos tipos de muerte, que el ser humano puede experimentar, sus características e implicancias espirituales.
La muerte natural es la que tiene lugar gradualmente, desprendiéndose el alma del cuerpo antes de partir, igual que los dientes de leche de un niño se sueltan de la encía y se caen sin dolor. Sin embargo, la muerte violenta es como la extracción de un diente realizada por un dentista. Se produce un forcejeo, un shock, y algo de sangre y dolor.
No obstante, normalmente se realiza el trabajo con rapidez, y al primer síntoma de ruptura entre el alma y el cuerpo, el Gran Sueño desciende sobre nosotros y ya no sabemos más.
Sin embargo, donde existe mucho miedo a la muerte, o un apego desesperado a la vida, se frustra el trabajo, y es entonces cuando se contemplan esos terribles lechos de muerte donde el alma se marcha luchando.
Esto no debe tener lugar nunca, y no necesita tener lugar nunca donde existe un conocimiento adecuado del proceso de la muerte y de la vida después de la muerte.
Tan pronto como el éter –principio semilla de la fuerza vital- realiza su trabajo compasivo, se difuminan el dolor y el miedo y dormirá durante un rato sin saber nada. Lo mismo ocurre con la muerte, se van cerrando una a una las avenidas del consciente, y nos dormimos dentro de nosotros mismos mientras se desarrollan los procesos de separación del cuerpo y del alma.
Cuando ha pasado todo es cuando estamos libres del cuerpo, y el Ángel abrirá de nuevo las puertas de la conciencia en un plano más elevado, y volveremos a vivir, aunque en otra dimensión.
A. Besant y reflexiones personales
Eli
17:05 Anotado en Misticismo | Permalink | Comentarios (0) | Email esto













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